La Copa empieza. El equipo campeón será el mejor equipo de tres días. No hay favoritos y todos lo son. Es el atractivo de esta competición, no es previsible. Ambiente excepcional, toda una ciudad volcada con el evento, y las aficiones dispuestas a disfrutar de un largo fin de semana. En definitiva una fiesta de baloncesto por todo lo alto. Tácticas, esfuerzo, intensidad, emoción, alegría, tristeza, individualidades, talento... Baloncesto en estado puro.
Y los jugadores, la regularidad o la intermitencia. Jugadores que son de campeonatos, y jugadores que son de partidos. Jugadores que destacan en campeonatos cortos, y jugadores que destacan en campeonatos largos. La eterna intermitencia. Jugadores intermitentes y jugadores consistentes. Estos últimos, baluartes de un equipo, los otros complementarios.
En esta Copa los observaremos, y veremos quienes son de un lado u otro. A los que les encanta hacer pronósticos, tienen una magnífica oportunidad de hacerlo antes que comience. Hacerlo después ya no tiene tanto mérito. Que cada uno haga sus apuestas, y disfrute cambiando impresiones.
La Copa encumbra jugadores, caso de Gasol o Rudy Fernandez, pero sobre todo enseña qué jugadores mantienen un nivel constante y quien no.
La poltrona estelar está vacante. Me gustaría que en esta edición la ocupara de nuevo un jugador nacional. Es mi deseo de una competición que volveremos a disfrutar.
Pero más se disfruta estando en ella...