Artículo de opinión semanal publicado en Melilla Hoy
Da la impresión que el abuso va pasando de manos, por lo menos esa impresión tiene uno. El abuso parte siempre desde una posición de poder. Cuando ese poder no se ejerce desde el equilibrio entre la firmeza y generosidad, se corre el riesgo verdadero de caer en esa actitud tan deleznable. Y el abuso se aguanta hasta donde se puede, provoca un profundo rechazo. Abusar es despreciar. Los que caen en ese absurdo piensan que debe existir una especie de derecho divino, algo así como “porque yo lo valgo”, y que han sido elegidos por la Providencia para creerse algo que no son. Y esa posición mezquina hace que cualquier atisbo de sensibilidad desaparezca.
He pensado muchas veces sobre ello al observar y comprobar distintos comportamientos de diferentes responsables o colectivos, fueran políticos o de cualquier otro sector. Recuerdo en mi infancia aquella...